Qué dice la evidencia
La revisión Cochrane más completa sobre rehabilitación cardiaca basada en ejercicio en enfermedad coronaria (2021) analizó 85 ensayos con 23.430 participantes. Frente a la atención habitual, la rehabilitación con ejercicio redujo la mortalidad cardiovascular (riesgo relativo 0,74) y el riesgo de nuevo infarto (0,82), y mejoró la calidad de vida relacionada con la salud.
Por eso las guías de la Sociedad Europea de Cardiología recomiendan el ejercicio regular a las personas con enfermedad coronaria y la rehabilitación cardiaca integral tras un evento agudo.
Cuándo empezar
La decisión depende del tamaño del infarto, de cómo se trató, de la función del corazón, de si quedan arterias con lesiones y del ritmo cardiaco. Por eso el punto de partida siempre es la valoración del equipo de cardiología, que habitualmente incluye una prueba de esfuerzo.
En los primeros días suele indicarse actividad ligera, como caminar a ritmo cómodo. El ejercicio estructurado llega después, en las semanas siguientes al alta, preferiblemente dentro de un programa sanitario de rehabilitación cardiaca cuando está disponible.
Importante: Si te han derivado a un programa de rehabilitación cardiaca, esa es la primera opción. El ejercicio fuera de ese programa tiene sentido para continuar, mantener y progresar después, o cuando el programa no está disponible, siempre con el visto bueno de cardiología.
Cómo se controla la intensidad
La prueba de esfuerzo permite situar zonas de trabajo seguras a partir de la frecuencia cardiaca y de los síntomas. Junto a ella se usa la percepción del esfuerzo: en las fases iniciales, un esfuerzo que permite hablar con frases completas.
Muchos fármacos habituales tras un infarto, como los betabloqueantes, reducen la frecuencia cardiaca. Por eso las fórmulas genéricas de frecuencia cardiaca máxima no sirven: las zonas deben calcularse con una prueba realizada con la medicación habitual y combinarse con la percepción del esfuerzo.
- Ejercicio aeróbico continuo como base: caminar, bicicleta o cinta.
- Trabajo interválico cuando la situación clínica lo permite y con supervisión.
- Fuerza con cargas moderadas, respiración continua y sin bloquear el aire.
- Progresión gradual hacia las recomendaciones generales de actividad, adaptadas a cada caso.
Volver a la vida normal
El objetivo no es solo hacer ejercicio en sesiones, sino recuperar la confianza para las actividades diarias: subir escaleras, cargar la compra, viajar o volver al trabajo.
La progresión se revisa con la respuesta: síntomas, frecuencia cardiaca, recuperación tras la sesión y cansancio al día siguiente. Una sesión que deja agotado al día siguiente indica que la dosis debe ajustarse.
Cuándo parar y consultar
- Dolor, opresión o malestar en el pecho, el brazo, el cuello o la mandíbula. Si no cede con el reposo, llama al 112.
- Falta de aire desproporcionada para el esfuerzo realizado.
- Mareo, sensación de desmayo o pérdida de conocimiento.
- Palpitaciones o latidos irregulares que no tenías antes.
- Sudor frío o náuseas durante el esfuerzo.
