Qué cambia con el tratamiento
La terapia hormonal puede favorecer pérdida de masa muscular, aumento de grasa, menor densidad ósea y cambios metabólicos. La cirugía puede exigir una vuelta gradual a la carga, mientras que la radioterapia puede aumentar la fatiga o alterar la tolerancia durante algunas fases.
Por eso no se prescribe a partir del diagnóstico aislado. Se revisan tratamiento, síntomas urinarios, dolor, salud ósea, antecedentes cardiovasculares, fuerza, equilibrio, actividad previa y objetivos cotidianos.
Cómo se organiza el ejercicio físico
La fuerza se plantea con ejercicios estables y una progresión que permita mejorar sin generar un agotamiento desproporcionado. El trabajo aeróbico puede fraccionarse y ajustarse mediante percepción de esfuerzo, respiración y recuperación.
- Fuerza de piernas, tronco y tren superior con técnica controlada.
- Actividad aeróbica en una modalidad tolerable y segura.
- Equilibrio y prevención de caídas cuando existe riesgo óseo.
- Registro de fatiga, dolor y recuperación entre sesiones.
Cuándo hace falta valoración adicional
El dolor óseo nuevo, nocturno o progresivo, una fractura reciente, la presencia de metástasis óseas, síntomas cardiovasculares o un deterioro rápido requieren coordinación con el equipo sanitario antes de progresar la carga.
La intervención de ejercicio no trata la incontinencia ni sustituye el seguimiento oncológico. Esos problemas pueden requerir atención sanitaria específica paralela.
