Disnea, desacondicionamiento y fuerza
En la EPOC puede disminuir tanto la tolerancia aeróbica como la fuerza periférica. Evitar toda sensación de esfuerzo favorece el desacondicionamiento; forzar sin control tampoco es correcto.
Se valora la disnea habitual, las exacerbaciones, el tratamiento inhalado, el oxígeno si está prescrito, la saturación cuando el equipo sanitario indica monitorizarla y la capacidad para actividades diarias.
Cómo se adapta una sesión
El ejercicio aeróbico puede realizarse de forma continua o por intervalos. La fuerza permite trabajar con menos demanda ventilatoria sostenida y es clave para conservar autonomía.
- Bloques breves con pausas planificadas.
- Fuerza de grandes grupos musculares.
- Calentamiento progresivo y recuperación suficiente.
- Control de disnea, síntomas y respuesta posterior.
Exacerbaciones y señales de alarma
Un aumento nuevo de la disnea, cambios importantes en tos o esputo, fiebre, dolor torácico, confusión o una caída marcada de la tolerancia requieren pausar y consultar. Después de una exacerbación, la vuelta debe ser gradual.
Cuando existe acceso, la rehabilitación pulmonar sanitaria es el recurso de referencia. El seguimiento de ejercicio puede complementar o dar continuidad en casos estables.
